Tras la huella histórica de los campos de concentración.

5 09 2010

 

     Las creencias y convicciones sobre campos de concentración son numerosas, pero realidad solo una, y eso es lo que me propongo al escribir esta entrada, relatar de una manera entendible y gráfica la historia de los campos de concentración, con todo lujo de detalles y fotos tomadas por mí mismo.

     Creemos saber mucho, pero no conocemos ni una décima parte acerca de ellos. Durante mi experiencia en Sachsenhausen, (Oranienburg, Berlín) pude apreciar la dureza y extremas condiciones que padecían las poblaciones de reclusos.

     Con la llegada al poder del régimen nacionalsocialista aparecieron los primeros campos de concentración, amplias extensiones de tierra anegadas de barracones, pequeñas construcciones alargadas en forma de caseta donde hacinaban a los presos.

 

 Para entender su significado hemos de retroceder a la Alemania nazi de Adolf Hitler. Con la consolidación de la dictadura nace el nuevo imperio, el proclamado Tercer Reich, pero no todos los alemanes simpatizaban con el gobierno, razón por la cual aparecen los campos de concentración, cuyo empleo fue el hacinamiento de todo opositor, los mas comunes: anarquistas, comunistas, sindicalistas… con el paso de los años, su utilización degenera y se ven incluidos desempleados, delincuentes, homosexuales y judíos. En la entrada principal podemos observar la frase ‘Arbeit macht frei’, significa ‘El trabajo te hace libre’,los presos entraban y miraban dicha frase comprendían que para salir de ahí solo el trabajo les devolvería la libertad, pero según los guardias, la única manera de salir era por las chimeneas. En las esquinas y zonas limítrofes se levantaban torres con nidos de ametralladoras, no obstante nunca se llegaron a utilizar. Pero ¿Nadie se ha preguntado por los campos de exterminio y su diferencia con los de concentración? La cuestión radica de nuevo en el nombre de cada uno, mientras que en el segundo se hacinaba a la muchedumbre opositora con la función de excluirla de la sociedad, un campo de exterminio se encargaba de matar la mayor cantidad de personas en el menor tiempo posible.

     Dentro de estos recintos había tal mezcla de miles de presos que para diferenciarlos entre sí hacían uso del siguiente sistema de marcaje de presos basado principalmente en triángulos invertidos. Los triángulos estaban hechos de tela y se cosían sobre las chaquetas y camisas de los prisioneros. Estas marcas eran obligatorias y tenían significados concretos que servían para distinguir las razones por las que el prisionero había sido ingresado en el campo:

  • Amarillo: para judíos.
  • Rojo: para prisioneros políticos.
  • Verde: para criminales comunes.
  • Azul: para emigrantes.
  • Violeta: para testigos de Jehová, Estudiantes de la Biblia y Los Estudiantes Libres de la Biblia. 
  • Rosa: para hombres homosexuales.
  • Negro: para mujeres asociales, mujeres homosexuales, prostitutas, vagos, maleantes, sin techo, inadaptados (jóvenes del swing), retrasados, enfermos mentales, algunos anarquistas, alcohólicos y adictos a drogas.
  • Marrón: posteriormente utilizado para los gitanos.

     Estos triángulos se superponían a uno amarillo para identificar a los prisioneros judíos. Dentro del campo, la dirección militar designaba a un preso para convertirse en kapo, es decir, reclusos que trabajaban en los campos de concentración en varias posiciones administrativas bajas. Los kapos recibieron más privilegios que los presos comunes, hacia quienes eran a menudo brutales y eran comúnmente presos que se habían ofrecido a hacer ese trabajo a cambio de recibir los privilegios anteriormente mencionados.

     La dieta de los reclusos consistía en una sopa hecha a base de agua, y si a alguno le sonreía la fortuna podía contener algún trozo de nabo, patata, o cualquier otra hortaliza cruda, de esta manera podemos comprender al ver las fotos antiguas la extrema delgadez de los presos. La capacidad de un barracón era de 100 a 200 personas, pero el hacinamiento continuo obligó a elevar su número a 400 o incluso más, de esta manera, en las literas de tres alturas de los barracones, cabían hasta 3 personas por cama.

     Algo que me repugnó profundamente fue las antiguas condiciones higiénicas del lugar. En la parte central de los barracones estaba la zona de baños y duchas. La primera, una pequeña habitación con inodoros, como muestro en la foto, todos ellos para los 400 presos. No todos tenían la oportunidad de llegar a ellos, así que los escasos afortunados solo disponían de unos segundos para hacer sus necesidades antes de que oficiales y guardias del campo nazis pasaran revista a cada uno de los barracones comprobando las camas, ya que estas debían estar correctamente hechas y la disciplina de los reclusos. Incluso, algunos se hacían sus necesidades encima, al no poder acceder a los baños. Dicha zona se encontraba tan sucia que oficiales y soldados alemanes se negaban a su limpieza, ya que allí se alojaba un importante foco de infecciones, enfermedades y la más absoluta repugnancia, así que era preferible incendiarla y construirla de nuevo. La situación de la zona de aseo no se hallaba tan acentuada, pero no se quedaba atrás, observemos la distribución de la estancia, de esos dos grandes elementos brotaba agua de sus extremos en todas direcciones, ejercía la función de aseo de los presos. Esta agua circulaba en circuito cerrado, razón por la cual su transparencia se veía borrada y adquiría un color negruzco debido a la gran cantidad de suciedad que portaban los presos. La zona de aseos era sin duda, el foco mas notable del tifus . Podemos observar además unos reducidos espacios, medianamente hondos y simétricos entre sí, era la zona del lavado de los pies, por ser la parte del cuerpo que más se ensuciaba con diferencia, aunque en numerosas ocasiones fueron testigos de asesinatos, los oficiales ahogaban a sus víctimas sujetándolas con fuerza del cuello, de esta forma la cabeza quedaba bajo el agua.

     Hasta el día de la liberación, o muerte para muchos, su existencia consistía en el mimetismo entre los suyos, ya que muchos eran asesinados o maltratados por cualquier razón. Vestían con uniformes a rallas. A los presos nuevos se les entregaba el uniforme de otro recluso muerto, ya sea por enfermedad, hambre o cualquier otra causa, y a menudo estos uniformes estaban manchados de las necesidades de otros ya muertos.





     Próximo a los muros encontramos alambre de espino electrificado, muchos presos se lanzaban a él y se suicidaban al no tener esperanza alguna de existencia. Esta zona estaba  sembrada de piedras oscuras, con un cartel en el centro que reza lo siguiente: ‘Neutrale Zone. Es wird ohne Anruf scharf geschossen’, és decir, ‘Se disparará indiscriminadamente sin previo aviso’, esto significaba que nadie podía acercarse a esta zona, así se obstaculizaba cualquier intento de fuga.

     Como en todo campo de concentración, localizamos una cárcel. Lógicamente, se encerraban a los presos que tenían un comportamiento deficiente, normalmente durante cuatro semanas. Las celdas estaban totalmente a oscuras y muchos se volvieron locos al no tener ninguna referencia temporal que les dijera qué había ahí fuera. Eran alimentados cada cuatro días, de esta manera se les hacía mas llevadera la terrorífica estancia en la prisión y podían contar las jornadas. Al marcharse de la prisión y volver con sus compañeros muchos se quedaron ciegos, ya que el ojo humano al acostumbrarse a la oscuridad total durante cuatro semanas tenía la pupila muy dilatada, y al producirse la entrada de la luz del sol la retina se quemaba. Junto a los calabozos y a plena luz del día encontramos tres altos postes con tres clavos cada uno en la parte superior, era el sector de tortura de los internos, había dos comunes formas, la primera consistía en colgar a la víctima anudada de las manos durante todo el día, de esta forma el peso por gravedad provocaba la dislocación de los hombros, la segunda era prácticamente igual, pero mucho mas dolorosa, ya que los brazos eran anudados por detrás de la espalda, produciendo la lesión con antelación a la anterior. En casi todos los casos, los presos que sufrían estas torturas acababan lisiados de por vida.

 

     Continuando nuestro recorrido divisamos la temida Zona Z, llamada así y con la última letra del alfabeto para designar el final de las vidas de los que entraban, nadie que accedía salía con vida.

 

    

     Este sector contenía una zona excavada, que se revestía de troncos, al final de la cual se agrupaban a los condenados y se les fusilaba. El siguiente problema era el tratamiento de los cuerpos. Inicialmente se transportaban en camiones para ser enterrados en fosas comunes, pero debido a un accidente y casualmente en Sachsenhausen, uno de estos camiones volcó, desparramando a su paso decenas de cuerpos por el pueblo cercano. La macabra escena que esto provocó, originó mala publicidad al régimen, y por esta razón se concibieron los hornos crematorios, para eliminar cualquier resto de muerte de los reclusos. Estos hornos tenían la potencia suficiente para abrasar cuerpos, trabajaban día y noche. Las cenizas de todos los incinerados se amontonaban, y se llenaban pequeñas urnas para enviarlo a las familias de los difuntos, alegando cualquier motivo de fallecimiento. La gran cantidad de muertos dio lugar a una nueva actividad, determinados presos eran designados para rellenar impresos de defunción falsos, con nombre, apellidos y causa de la muerte, que escogían al azar de una lista con enfermedades e infecciones propias de los campos de concentración, estos certificados eran claramente falsos.

     Sin lugar a duda hubo algo que me llamo especialmente la atención, y fue la existencia de un laboratorio de investigación dentro del campo, en él se experimentaba con presos para tratar enfermedades, infecciones, heridas… se les inoculaba a cada individuo un virus o una infección para intentar tratarla por diversos métodos, o simplemente se les profería profundos cortes para producir gangrena e infecciones para intentar curarlas, sin lugar a dudas el auténtico laboratorio de los horrores.

     Llegado el final de nuestro itinerario histórico solo os queda juzgar por vosotros mismos. A mi parecer, este periodo de terror está a la vuelta de la esquina si miramos atrás.

     No he podido contenerme y acabo arañando la frase: La Historia se estudia para preguntarnos qué hemos hecho mal y qué no se debe repetir, somos consecuencia del transcurso histórico.

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